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Rayarte 2016: aires de esperanza para el diseño.

Años y años me acostumbraron a la idea (más que idea, realidad) de que cada vez que alguien hace algo por el diseño, muchos otros se dedican sólo a criticar. Sabemos que existe una desproporción entre quienes construyen y quienes destruyen, siendo estos últimos una gran mayoría, pero también siendo el accionar de los primeros lo que crea nuevas realidades y cambios -para mejor- en nuestra profesión.

Inunda el mundo del diseño esa pobre actitud del “yo lo haría mejor”, aunque luego quien lo manifiesta nunca haga nada.

Todos podemos diseñar mejor que el otro y todos le encontramos errores al trabajo del otro. Sin embargo el otro es el que obtuvo la oportunidad de realizar ese trabajo, por algo será. En estos y otros casos, la crítica es simplemente un destilado de envidia.

foto0206Me encuentro ordenando mi querida rutina, que tan poco tiene de rutina, luego de pasar seis días en la hermosa Guatemala, rodeado de maravillosa gente.

Rayarte 2016 fue un evento organizado por los alumnos del último año de diseño de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Y allí estuve, compartiendo el momento y el escenario con grandes colegas. Grandes por su calidad de diseño pero mucho más aún por su calidad humana.

Rayarte terminó siendo un evento muy atípico desde su concepción, organizado por unos ciento cincuenta alumnos. En vez del caos lógico esperable para una organización conformada por tantas voluntades, resultó tan impecable y excelentemente orquestado que merece ser destacado.

rayarte11Ciento cincuenta personas muy jóvenes que supieron crear un evento de excelencia, donde ningún detalle quedó librado al azar y la atención para con nosotros, los disertantes, fue de una calidez abrigadora.

Rayarte no quedó libre de la crítica y los conflictos. En charlas de café (en realidad de cerveza) me fui enterando cuán sólos estuvieron, más allá de la cantidad de gente trabajando. El resto -aquellos que pudieron sumarse desde otros lados-, asistiendo, opinando constructivamente o simplemente alentando, optaron por no estar o socavar.

El no hacer nada salvo criticar es muy cómodo, pero el hacer pese a las críticas es superador.

Quienes asumieron la titánica rayarte8tarea de construir Rayarte 2016 hoy están un paso arriba, entienden la realidad del diseño desde otro lado. Una visión con la perspectiva del crecimiento, de la construcción, del positivismo.

Y pese a que nuestros malos vicios no cesan, estos ciento cincuenta chicos permiten soñar en que las cosas pueden cambiar. Ellos son parte activa del cambio.

Por eso, y por todo lo vivido, ¡gracias Rayarte 2016!

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¿Cuánto puedo cobrar por…?

Años, mucho años, preocupados por buscar respuesta a la difícil tarea de ponerle valor a nuestros trabajos. La pregunta: “¿cuánto puedo cobrar por…?” es recurrente, y se intensificó aún más a partir de que las redes sociales nos facilitaron las comunicaciones. Las respuestas, antes y ahora, son vagas, poco precisas, y cuando pretenden ser concretas -cuando aflora algún número-, ese número es totalmente relativo, casi sin sentido.

No existe la respuesta al “cuánto puedo cobrar por un folleto” que, expresada en una cifra, tenga una razón lógica.

Fantaseamos con la idea de que los valores para nuestros servicios sean parametrizados y volcados a alguna especie de planilla, eso que denominamos tarifario, para así simplificar el proceso por el cual arribar a un número que luego volcaremos a un presupuesto.

De esa manera aspiro a que consultando un listado logre resolver mi problema. Tan simple y efectivo como irreal. Lamentablemente ese listado no nos da ninguna recomendación de como actuar cuando el cliente nos diga: “te querés salvar conmigo” o “yo no puedo pagarte eso” o incluso “¡tanta plata por un dibujo!”.

¿Cómo defender un valor si no conocemos el por qué de ese valor?

Tenemos una fuerte tendencia a procastinar, lo cual significa postergar aquellas tareas que debemos resolver, sustituyéndolas por otras que nos generan más placer. Y lo que nos gusta hacer es diseñar, Entonces cualquier pedido de diseño, aunque sea realizado por alguien que no amerita la condición de cliente, va a ocupar alegremente nuestro tiempo, mientras el problema de comprender el precio de nuestro servicio sigue siendo pospuesto. Y el no resolverlo nos asegura eternos dolores de cabeza cada vez que enfrentamos el tener que elevar un presupuesto. Dolores producto de la inseguridad.

Conocemos el síntoma. Sabemos donde se origina. Ahora debemos utilizar algún medicamento.

No hay recetas mágicas, tampoco números sugeridos que sirvan. El comprender el valor de nuestro servicio -la cura- surge de conocer nuestras propias variables, por lo que entender como funciona nuestra propia economía es vital y urgente.

Comprender como son nuestros tiempos y conocer en profundidad nuestra estructura son los dos pilares en los que se basa el método que vengo profesando desde ya hace más de diez años.

Durante todo este tiempo el método estuvo expuesto a muchos diseñadores a través del libro, las charlas y los seminarios. Muchos diseñadores se han interiorizado acerca de cómo funciona. Nadie estuvo en desacuerdo en estos casi once largos años. Nadie que haya cuestionado el procedimiento propuesto. Sin embargo, muy pocos lo han implementado, siendo que es tan necesario para el buen desarrollo de nuestra profesión, desde el punto de vista comercial. Esos pocos (proporcionalmente hablando) que han aplicado la metodología, son suficiente aval para confirmar que funciona correctamente.

Sin embargo, algo estaba fallando si la solución no era implementada en mayor medida. Y la falla no está en relación con el método sino con nuestra dificultad para llevarlo a cabo.

Días atrás, brindando una charla del tema, me encontré con un asistente que había desarrollado la solución por su propia cuenta. Resolverlo le significó el hacer interactuar entre sí a cinco o más planillas de Excel.

Pocos quieren enfrentar esa tarea, aún sabiendo que es la forma de solucionar un problema que nos complica en demasía.

En virtud de este conflicto, el método tomó forma de software, y hoy el mercado del diseño tiene la solución accesible.

Pantalla arranque

Pontix® es la herramienta creada para evitar que el diseñador tenga que meterse en el mundo de las planillas de cálculos. Dos años de desarrollo fueron necesarios para que muchas más que cinco planillas interactúen entre sí y nos arrojen información puntual de nuestro estudio, que es vital a la hora de entender el por qué de nuestros costos y valores.

Pontix® es una herramienta mucho más poderosa que un simple sistema de facturación, ya que facilita el análisis de la economía de las empresas de diseño.

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Hoy existe la posibilidad de comprobar en forma gratuita las ventajas del método. Durante tres meses, y sin compromiso comercial alguno, el usuario puede poner a prueba el funcionamiento de Pontix®.

De aquí en más, preguntar “cuánto se puede cobrar por…” ya no va a responder a una desesperada necesidad, sino a una decisión que se basa en seguir procastinando.

La solución existe; comprobar su efectividad es fácil y gratuito; seguir dejando el destino comercial de nuestros estudios a merced de las circunstancias es necio y suicida.

Para más información:

www.pontix.net

Facebook: Pontix

info@pontix.net

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El conflicto de terminar un diseño y no saber si ganamos plata.

pontix6Nuestras deficiencias en los aspectos de gestión y negocios son tan profundas que una vez finalizados los trabajos nunca logramos saber si ganamos o perdimos plata. La sensación al concluir los trabajos suele estar más condicionada por la experiencia vivida con el cliente que con un conocimiento real de lo acontecido con el presupuesto.

Suele suceder que siendo agradable el trato con el cliente tendemos a concluir que el trabajo fue rentable, mientras que suponemos que aquellos trabajos con clientes conflictivos son económicamente poco convenientes. Y esto ocurre dado lo subjetivo de nuestra medición del tiempo: una hora dedicada a un cliente dificultoso pesa de igual manera que muchas horas trabajadas para un cliente de trato agradable.

Si tuviésemos el hábito de medir nuestros tiempos nos llevaríamos más de una sorpresa. Entender como funcionan nuestro tiempos es un componente importante del método que nos lleva a dominar nuestra economía, pero por si sólo no basta; jamas podremos precisar si un trabajo resultó rentable si desconocemos cuándo se convierte en rentable.

El precio de nuestro servicio dista de ser un intangible como suele decirse, dado que responde a variables muy concretas. De no estar contemplados dichos componentes en la proporción correspondiente, lo más probable es que perdamos plata sin siquiera saberlo.

Al margen de poder entender las variables en juego, el medirlas y analizarlas implica no sólo una actitud hacia la gestión que nos es esquiva, sino que demanda crear las herramientas necesarias, lo que significa amigarse con las planillas de cálculos, y ese es un territorio muy áspero para el diseñador.

Para solucionar este conflicto nace Pontix®, un software de gestión pensado específicamente para el mundo del diseño, que se basa en los conceptos aquí planteados.

Cada vez que le adjudicamos un precio a nuestro trabajo, esté debe cubrir en forma proporcional aquello que denominamos gastos, la totalidad de los costos variables en que incurrimos al realizar ese trabajo específico y arrojar una ganancia.

Los gastos.

Podemos definir a los gastos como todo aquella erogación de dinero que debemos realizar independientemente de que facturemos o no. Una gran mayoría de esos gastos tienen periodicidad mensual (gastos estructurales), algunos de ellos se repiten en forma periódica aunque no con ritmo mensual, y otros son esporádicos, aunque no por ellos dejan de pertenecer al ítem gastos (arreglo de algún componente del estudio, desde una computadora, pasando por el vehículo que se usa para trasladarse o llegando a la rotura del termotanque).

Egresos de cajaLos montos, incluso de aquellos gastos que se repiten con periodicidad mensual, no siempre son estables, sino que oscilan de acuerdo a variables temporales: el consumo de gas y de luz en invierno son claro ejemplo.

Por esta razón, Pontix sugiere el uso de la planilla de Egreso Caja, fundamental para luego establecer promedios anuales.

Planilla que nos permitirá conocer con exactitud cuanto gasta nuestro Estudio, donde existen conceptos que peligrosamente ignoramos. Todos los relacionados al ítem ahorro son claros ejemplos (gastos de previsión y amortización).

 

Los costos variables.

Conformado por todo gasto relacionado en forma directa con el trabajo específico. Estos gastos los solemos tener más claramente identificados y relacionados con el presupuesto en cuestión, pero es muy común que ignoremos algunos no transfiriéndolos al presupuesto, caso, aquellos impuestos que se generan a partir de crear una factura. Pontix facilita el no olvidar estos costos.

 

El punto de equilibrio.

La suma de los gastos y los costos variables nos da el punto de equilibrio, que es la instancia en la cual el negocio se mantiene sin generar ganancias ni pérdidas.

Estadísticas

Como ya mencionamos, aunque vale la pena insistir, es muy común que los socios de un estudio, que no actúan como socios capitalistas sino que trabajan en forma activa, no tengan un sueldo adjudicado, quedando éste sujeto al éxito comercial de su empresa. El punto de equilibrio bien entendido, debe contemplar estos sueldos como parte de los gastos estructurales. El sistema nos muestra comparativamente, mes a mes, cuál es nuestro punto de equilibrio real en relación al estimado.

La ganancia.

La ganancia es el objetivo comercial del estudio, pero dentro de este componente del precio aparecen una gran cantidad de variables que son merecedoras de ser analizadas con mayor profundidad.

Estas variables son las que motivan las diferencias de precios en el mercado.

El software nos solicitará que le asignemos un valor a esa ganancia pretendida, expresado en porcentaje.

Este proceso se realiza en la pantalla de Valores Hora.

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Ese porcentaje puede variar de acuerdo a diferentes posibles conceptos. Guarda mucha lógica que ese porcentaje se vaya incrementando con el paso del tiempo. Criterio que corresponde a acompañar el posicionamiento del estudio, entendiendo que conforme pasa el tiempo, el estudio gana en presencia en el mercado.

El dudoso criterio de “la cara del cliente” (magnitud del cliente) es exclusivo de este ámbito, el de la ganancia. El porcentaje adjudicado a la ganancia podría variar de acuerdo al cliente, siendo una decisión del usuario el hacerlo.

De cualquier manera, es importante entender que esas variables afectan solo a la ganancia. Por debajo del punto de equilibrio no debería negociarse ningún precio, salvo que estemos dispuestos a perder plata.

Volviendo a los tiempos.

Una vez entendido lo que necesita facturar por mes el Estudio para cubrir sus gastos y obtener una ganancia nos resta saber que tiempo disponemos para lograr ese objetivo comercial.

El sistema nos permite primero estimar ese tiempo, para luego obtener datos precisos.

Y si sabemos con precisión cuánto gastamos, dónde está nuestro punto de equilibrio, cuánto queremos ganar y que tiempo disponemos para cubrir esos valores, entonces estamos en condiciones de presupuestar con una lógica precisión.

Podemos utilizar el método propuesto por Pontix, o cualquier otro, incluso crear uno propio, pero lo que definitivamente no podemos es seguir presupuestando sin saber el por qué del costo que le estaremos pasando al cliente. Porque de hacerlo, y aunque nos pague lo presupuestado, nunca sabremos si estamos ganando o perdiendo plata.

Nota: el lector no tiene necesidad de confiar a ciegas en lo que aquí expongo. Hoy tiene la posibilidad de probar sin costo ni compromiso el funcionamiento de Pontix® y confirmar las virtudes de conocer a ciencia cierta cuándo gana y cuándo pierde a la hora de cotizar un trabajo de diseño.

Para más información:

www.pontix.net

Facebook: Pontix

info@pontix.net

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El cliente no decide el precio del diseño.

Frase que puede ser vista como obvia e indiscutible, pero que sin embargo es una expresión de deseos para un porcentaje significativo de nuestra realidad.

Debemos ser una de las pocas profesiones donde el cliente decide cuánto puede (en realidad: quiere) pagar.

Frente a este conflicto las mejores respuestas que he escuchado (siempre dejando de lado a aquellos Estudios que por posicionamiento no sufren estos percances) giran en torno al: “si el cliente no me puede pagar lo que le pido, que se busque a otro diseñador”.

A priori pareciese ser una postura firme y contundente. Sin embargo, la realidad marca que esa posición no se sostiene cuando la actitud del cliente se reitera y termina no siendo un caso aislado sino una situación repetida en varios clientes. En cuyo caso, el deseo de trabajar y la necesidad de facturar va a hacernos claudicar y aceptar lo que el cliente impone, con la cuestionable justificación de “el mercado no paga más que esto”.

Una hipotética solución a este conflicto la tienen los estudios que por posicionamiento son respetados logrando imponer sus precios. Situación que nos remite a la eterna disyuntiva de “huevo o gallina”: ¿Cómo hago para posicionarme si lo que me pagan por mi diseño no me permite crecer?

Más allá de que el camino para posicionarse es tan arduo como posible, esa no es la solución, porque de hecho, el conflicto no radica en alcanzar un reconocimiento del mercado sino en un factor mucho más básico, y que es el conocer con profundidad nuestro propio negocio.

El precio del diseño no depende del cliente sino de nuestras propias variables comerciales.

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Y dentro de esas variables se encuentran como componentes fundamentales el conocer los costos de nuestra estructura y el funcionamiento de nuestros tiempos.

Del análisis de esas dos variables surge el método que vengo proponiendo desde hace muchos años ya, y que varios Estudios implementaron con resultados exitosos.

Hoy ese método se sistematizó en Pontix®, un software que, basado en esas variables, permite obtener presupuestos con total precisión.

 

Pontix® nos permite conocer a ciencia cierta cuánto gastamos mes a mes. Esta es una información que deberíamos dominar, pero que por malas interpretaciones de cómo están conformados nuestros gastos, solemos desconocer, o en todo caso malinterpretar, ignorando componentes fundamentales de esos gastos.

A su vez, el sistema nos facilita saber con precisión cuánto de nuestro tiempo laboral va a estar dedicado a generar rentabilidad. Y este dato no es para nada menor, ya que ese tiempo se convierte en el índice por el cual podremos calcular valores horarios para nuestras tareas.

Egresos de caja

En este punto, y con esta información procesada, el software está en condiciones de precisar nuestro punto de equilibrio. Punto en el cual nuestro estudio está sano -económicamente hablando-. Pero nadie asume tantos riesgos (y el llevar adelante estructuras que brinden servicios de diseño implica riesgos) si no es para obtener una ganancia. El sistema nos facilita el aplicar un índice de ganancia.

Y si conocemos cuál es nuestro punto de equilibro (punto el el cual todos nuestros gastos de estructura están cubiertos), y le sumamos un ganancia, entonces conoceremos cuánto debemos cobrar por cada trabajo.

De esta manera, cuando el cliente nos diga que no puede pagarnos lo que le presupuestamos, sabremos si su contra-oferta nos deja aún un margen de ganancia, si se ubica sobre el punto de equilibrio, o si de aceptarla estaremos perdiendo plata.

La única manera de defender un precio frente al cliente es conociendo el por qué de ese precio, y comprendiendo cuándo ganamos y cuándo no. De lo contrario, nos será muy difícil decir NO y el cliente podrá seguir poniéndole precio a nuestro servicio.

El cliente no decide el precio del diseño; éste es el resultado de nuestra propia economía.

Pantalla arranque

Nota: el lector no tiene necesidad de confiar a ciegas en lo que aquí expongo. Hoy tiene la posibilidad de probar sin costo ni compromiso el funcionamiento de Pontix® y confirmar las virtudes de conocer a ciencia cierta cuándo gana y cuándo pierde a la hora de cotizar un trabajo de diseño.

Para más información:

www.pontix.net

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info@pontix.net

Otras notas relacionadas con este tema:

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/07/15/como-presupuestar-diseno-la-solucion-definitiva/

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/07/20/por-que-pontix-solucion-al-hasta-aqui-eterno-problema-de-presupuestar/

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/08/16/el-conflicto-de-terminar-un-diseno-y-no-saber-si-ganamos-plata/

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/09/22/cuanto-puedo-cobrar-por/

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¿Por qué Pontix? Solución al -hasta aquí- eterno problema de presupuestar.

Años y años de conformar un mercado que desconoce el por qué del valor de su servicio. Miles de situaciones repetidas hasta el hartazgo provocando la ruptura de sociedades, quiebre de estudios o incluso, si vamos un poco más lejos, de relaciones de pareja; no es fácil para quien no pertenece a nuestro mundo entender por qué trabajamos tanto y no ganamos acorde.

5No tienen la culpa los clientes. Los clientes son clientes y sus vicios comerciales son iguales para el diseño como para cualquier otra profesión.

No tiene la culpa la falta de reconocimiento y valoración del diseño. Indudablemente ayuda, pero sólo si nuestros miedos e inseguridades lo permiten. Sin embargo, cabe destacar que esa situación la creamos nosotros mismos, somos los únicos responsables.

La culpa radica en un conjunto de características muy nuestras, que con el tiempo se han convertido en marca registrada del diseñador. Veamos algunas:

1. Elegimos ser diseñadores. Y lo elegimos porque nos gusta el dibujo, la creatividad, los colores, las tipografías, de igual manera que sentimos rechazo por las planillas de cálculos, los impuestos, los números y las proyecciones económico-financieras.

2. Somos diseñadores, no empresarios, menos aún administradores. Así nos enseñaron. Nos preparan para que diseñemos, sin embargo nos dedicamos a llevar adelante empresas de diseño. Esa falencia en la capacitación que profundiza el punto anterior, es la raíz de muchos de nuestras deficiencias en gestión, siendo la “frutilla del postre” nuestra incapacidad para presupuestar con algún criterio coherente.

3. El no tener capacidades innatas y tampoco adquiridas para llevar adelante nuestro negocio nos hace débiles a la hora de negociar. Inseguridades y temores que hacen estragos al momento de pasar un precio por nuestro servicio. Cuando el cliente lo cuestione, no vamos a tener argumentos para defenderlo.

4. Tenemos una tendencia natural a rechazar los métodos. No sólo en lo referido a diseñar, lo cual también impacta en los presupuestos, ya que el “anti-método” muy utilizado es el prueba y error, (averiguar que tiene en la mente el cliente presentándole bocetos que no responden a un brief claro) y eso provoca interminables idas y vueltas en los procesos de diseño que desvirtúan cualquier presupuesto. También negamos los métodos que deberían ordenar nuestra economía, y facilitar el adjudicarle un precio a nuestro servicio que responda a algún criterio lógico.

5. Aunque el método exista y se lo comprenda como una solución acertada, cosa que sucede desde hace años, los profesionales y estudios de diseño (salvo excepciones, que las hay) son reticentes a realizar las tareas que demanda el poder implementarlo, entendiendo que es mucho más cómodo y fácil dejar el destino de nuestras economías al azar.

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Pontix® nace para dar respuesta a esta situación. El método existe y Pontix® lo sistematiza para que el usuario pueda implementarlo con el menor esfuerzo posible.

Pontix® se basa en un método que permite presupuestar con un criterio lógico pudiendo entender el por qué del valor adjudicado a cada trabajo. El software trabaja con información precisa del usuario ajustando así los valores a su realidad económica.

Única manera de poder saber a ciencia cierta cuánto debe costar cada desarrollo de diseño, no en función al capricho del cliente ni un listado aleatorio, sino a las variables concretas de nuestra propia economía.

Y con ese conocimiento, todas las tareas englobadas bajo el concepto de gestión -donde la negociación es una muy importante- se convierten en actividades dominadas y por ende, gratas.

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Cómo presupuestar diseño: la solución definitiva.

Allá por el año 2004, en pleno crecimiento de redargenta, pudimos visualizar la necesidad de desarrollar contenidos que profundicen en los aspectos del negocio del diseño. Como editorial dedicada a elaborar contenidos relacionados al mundo del diseño, entendimos esa necesidad como una oportunidad de negocio; sin embargo, la inexistencia (al menos desde nuestra óptica) de idóneos dispuestos a escribir al respecto se convirtió en una traba no menor.

La necesidad era bien conocida por nosotros, ya que durante años y años de llevar adelante la ajetreada vida de nuestro estudio de diseño, hubiésemos deseado tener en nuestras manos ese tipo de contenido; seguramente nos hubiese evitado más de un traspié.

Una necesidad no satisfecha mas la falta de quién la cubra, obligó a que seamos nosotros mismos los encargados de darle solución.

No fue fácil. Era un gran desafío el abordar temas que habían sido deficiencias de años anteriores y que para colmo se presentaban casi como tabú en nuestra profesión. Y empezamos (empecé en este caso) con lo primordial: El delicado tema del presupuesto.

Así, 2004 me vio reconvertido en una suerte de escritor por omisión -del resto del mercado-. Desde aquella primera edición de Cómo presupuestar diseño al presente corrió mucha agua bajo el puente. Vivencié miles de realidades a través de centenares de charlas, sumé infinidad de kilómetros de ruta, y horas y horas de disertaciones y seminarios. Debatí mucho, aprendí más, e intenté enseñar…

Siete años después, surgió la lógica necesidad de rever los contenidos, los cuales indudablemente crecieron, se perfeccionaron y ajustaron acorde a todas esas horas y kilómetros de experiencia acumulada.

0. InicioPasaron ya once años desde que enfrenté el desafío de resolver una metodología para que el diseñador -ese profesional tan afecto a dejar que su destino comercial fluya más allá de su accionar, justamente por no tener claro qué hacer y cómo- tenga herramientas para poder comprender el por qué del costo de su servicio.

Once años que significaron infinidad de charlas, seminario, clínicas. Más de cuatro mil libros vendidos del tema específico de presupuesto. Muchos diseñadores que se han interiorizado acerca del método. Nadie en desacuerdo en esos once largos años. Nadie que haya cuestionado el procedimiento propuesto. Sin embargo, muy pocos que la hayan implementado, siendo que es tan necesario para el buen desarrollo de nuestra profesión, desde el punto de vista comercial. Esos pocos (proporcionalmente hablando) que han aplicado la metodología, son suficiente aval para confirmar que funciona correctamente. Sin embargo, algo estaba fallando si la solución no era implementada en mayor medida. Y la falla no tiene relación con el método sino con nuestra dificultad para implementarlo.

Nos cuesta tanto asumir nuestro rol de gestión que, pese a que consideremos correcta y necesaria a la solución, preferimos ignorarla y esperar que las situaciones se ordenen por sí solas. Algo tan iluso como esperar que los clientes dejen de pedir rebajas en los precios al grito de “tengo un diseñador que me lo hace más barato”.

Sin embargo, no fui yo quien se percató de este conflicto, y tampoco quien planteó la solución definitiva. Cuando uno está “dentro del campo de juego” no le suele ser fácil visualizar con objetividad lo que está sucediendo. Y tuvo que aparecer alguien que “desde afuera” pudo interpretar el problema y proponer la solución.

Y así nació una nueva sociedad en mi vida (*), que se obsesionó durante mucho tiempo, dedicándole mucho trabajo a crear un sistema que permita implementar el método para presupuestar con un criterio lógico, que se ajusta a la realidad económico-comercial de cada usuario.

Logo PontixAsí nace Pontix®, como un software para Presupuestar Diseño.

No obstante, su función es algo mucho más poderoso que esto, básicamente es una herramienta de gestión on-line completa.

Es un software sencillo, intuitivo, de fácil aplicación y con la capacidad de personalizarse para cualquier tipo de estudio de diseño, independientemente de su envergadura.

El concepto Pontix® tiene como eje el solucionar el centro de nuestros problemas. Pero, ¿Cuál es nuestro real conflicto?

Si el software ofreciese simplemente una metodología para ordenar los procesos de facturación desde su formalidad -el servicio que la mayoría de los software ofrece-, no se podría hablar de una solución. Los sistemas de facturación comunes simplemente actúan como facilitadores, pero nuestros problemas subyacen ocultos y tienen su base en nuestra pobre comprensión de la propia economía.

2Nuestro real conflicto radica en desconocer el por qué del valor de nuestro servicio. Y el valor de nuestro servicio depende de una cantidad de variables conjugadas que no se pueden conocer ni evaluar sin una metodología precisa.

Tampoco se trata de “una calculadora” que sumará variables que no solemos comprender, sino que justamente está pensado para reconocer y dominar esas variables.

Pontix® es una herramienta mucho más poderosa que un simple sistema de facturación, facilita el análisis de la economía de las empresas de diseño.

Para más información:

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info@pontix.net

(*) Muchas veces mencioné en charlas la importancia de elegir socios de acuerdo a los roles a cubrir. Es vital para toda sociedad que exista complementariedad entre sus integrantes. Es bueno “predicar” con el ejemplo. Pontix® está conformado por Mariano, programador y desarrollador web, un diseñador reconvertido a teórico charlatán (pero que no pierde contacto con la realidad), o sea yo, y Luciano, diseñador, el “dueño” de la visión necesaria para que la solución sea una realidad.

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Los tarifarios sólo orientan.

Y a veces desorientan.

Tiempo atrás, pero no tanto, la Asociación de Diseñadores Gráficos de Jujuy escribía en su sitio web bajo el título de “tarifario modelo” lo siguiente:

Debido a la disparidad de valores en nuestra profesión y la falta de alguna institución que al menos obtenga conclusiones sobre los valores mínimos de los trabajos más comunes con los que nos enfrentamos día a día, los diseñadores nos vemos en la obligación de eliminar el tarifario modelo que creamos en alguna oportunidad, para evitar confusiones y malos entendidos. Además de que actualmente no estamos con la capacidad para mantener la encuesta que lo sustentaba.”

Por suerte, nuestro presente nos encuentra con agrupaciones de diseño actuando regionalmente en muchas provincias y países. El unirse es la única manera de que las realidades que aquejan a nuestro mundo profesional cambien.

Son muchas las tareas que estas asociaciones deberían realizar. Partiendo de debatir interna e intensamente qué es el diseño, para poder definir un perfil profesional preciso y discursos claros de qué es lo que somos como profesionales, para luego poder trasladar ese discurso al universo demandante de diseño.

3. IncógnitaPoner en valor nuestra profesión es primordial. Y siendo que el diseño sufre un proceso de desprestigio, esta tarea no debería comenzar focalizándose en el precio que, desde cierto punto de vista, es resultado del reconocimiento.

Por lo contrario, una de las primeras tareas a realizarse en las asociaciones es la confección de un tarifario modelo. Respondiendo al hecho de que es lo más solicitado por nuestra comunidad. Indudablemente tratamos de solucionar aquello que más nos incomoda, y el adjudicarle precio a nuestro servicio es una espina que nunca nos terminamos de sacar.

Sin embargo, los tarifarios fallan en un aspecto donde gran parte del diseño falla: su metodología.

En el párrafo del inicio la ADGJ manifestaba no estar con la capacidad para mantener la encuesta que sustentaba al tarifario. ¿Qué significa ésto?, que estas herramientas se realizan a partir de encuestas a los socios que conforman dichas asociaciones.

De esa manera, el listado e precios se convierte simplemente en un promedio del mercado. Y si consideramos que el adjudicarle precio a nuestro servicio es el tema que más nos complica, entonces los tarifarios terminan siendo un promedio de la confusión general.

De alguna manera ayudan al menos a poder brindar una referencia, pero si esa referencia está equivocada, lo único que lograrán es masificar el error.

Analizando los distintos tarifarios que existieron y existen en la actualidad, en la mayoría de ellos, los valores expresados para cada tipología de trabajo están muy por debajo de las necesidades económicas de las distintas estructuras de diseño. A duras penas pueden aplicar a estructuras unipersonales con muy bajos costos (sin oficina y todos los gastos que la estructura física implica). O sea: tenés que trabajar en la casa de tus padres y así gozar del beneficio de que ellos paguen la luz, el gas, los impuestos, o en tu propia casa, confundiendo el origen de los gastos.

De cualquier manera, sean bajos o incluso altos los valores expresados en los tarifarios, antes la acostumbrada respuesta del cliente exclamando: “¡yo no te puedo pagar esta cifra!” no nos va a quedar otra opción que reducir el costo (o perder el trabajo), ya que el tarifario como herramienta de referencia no aporta ningún argumento sostenible.

El valor de nuestro servicio no tiene como principal condicionante al cliente, sino que está directamente relacionado con las variables de nuestra propia economía. Para conocer y dominar esas variables requerimos el uso de métodos que nos permitan comprender a fondo información propia de nuestro estudio.

Desde hace ya muchos años vengo proponiendo la utilización de métodos. Durante esos mismos años desarrollé uno propio, el cual fue perfeccionándose con el paso del tiempo y la lógica experiencia acumulada. Lo cual implicó estudiar muchas realidades, evitando así caer en teorías inaplicables.

Poner en valor nuestra profesión es primordial y es tarea de todos. Ponerle precio a nuestro servicio es también crucial, pero es tarea individual de cada profesional o estudio.

Pasan los años y el diseño no resuelve este tema. Mucho se habla y poco se soluciona. Incluso existiendo un método comprobadamente eficaz, nos resulta en extremo complicado ponerlo en práctica.

Focalizando en esa situación conflictiva, en breve -muy breve- estaremos proponiendo una solución que potencia todos esos años de investigación, análisis y elaboración de una metodología.

Una solución ideada para que los diseñadores y estudios de diseño puedan adjudicarle precio al servicio que ofrecen, y ese precio esté en relación directa con su realidad comercial, que es como debe ser.

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