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El cliente no decide el precio del diseño.

Frase que puede ser vista como obvia e indiscutible, pero que sin embargo es una expresión de deseos para un porcentaje significativo de nuestra realidad.

Debemos ser una de las pocas profesiones donde el cliente decide cuánto puede (en realidad: quiere) pagar.

Frente a este conflicto las mejores respuestas que he escuchado (siempre dejando de lado a aquellos Estudios que por posicionamiento no sufren estos percances) giran en torno al: “si el cliente no me puede pagar lo que le pido, que se busque a otro diseñador”.

A priori pareciese ser una postura firme y contundente. Sin embargo, la realidad marca que esa posición no se sostiene cuando la actitud del cliente se reitera y termina no siendo un caso aislado sino una situación repetida en varios clientes. En cuyo caso, el deseo de trabajar y la necesidad de facturar va a hacernos claudicar y aceptar lo que el cliente impone, con la cuestionable justificación de “el mercado no paga más que esto”.

Una hipotética solución a este conflicto la tienen los estudios que por posicionamiento son respetados logrando imponer sus precios. Situación que nos remite a la eterna disyuntiva de “huevo o gallina”: ¿Cómo hago para posicionarme si lo que me pagan por mi diseño no me permite crecer?

Más allá de que el camino para posicionarse es tan arduo como posible, esa no es la solución, porque de hecho, el conflicto no radica en alcanzar un reconocimiento del mercado sino en un factor mucho más básico, y que es el conocer con profundidad nuestro propio negocio.

El precio del diseño no depende del cliente sino de nuestras propias variables comerciales.

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Y dentro de esas variables se encuentran como componentes fundamentales el conocer los costos de nuestra estructura y el funcionamiento de nuestros tiempos.

Del análisis de esas dos variables surge el método que vengo proponiendo desde hace muchos años ya, y que varios Estudios implementaron con resultados exitosos.

Hoy ese método se sistematizó en Pontix®, un software que, basado en esas variables, permite obtener presupuestos con total precisión.

 

Pontix® nos permite conocer a ciencia cierta cuánto gastamos mes a mes. Esta es una información que deberíamos dominar, pero que por malas interpretaciones de cómo están conformados nuestros gastos, solemos desconocer, o en todo caso malinterpretar, ignorando componentes fundamentales de esos gastos.

A su vez, el sistema nos facilita saber con precisión cuánto de nuestro tiempo laboral va a estar dedicado a generar rentabilidad. Y este dato no es para nada menor, ya que ese tiempo se convierte en el índice por el cual podremos calcular valores horarios para nuestras tareas.

Egresos de caja

En este punto, y con esta información procesada, el software está en condiciones de precisar nuestro punto de equilibrio. Punto en el cual nuestro estudio está sano -económicamente hablando-. Pero nadie asume tantos riesgos (y el llevar adelante estructuras que brinden servicios de diseño implica riesgos) si no es para obtener una ganancia. El sistema nos facilita el aplicar un índice de ganancia.

Y si conocemos cuál es nuestro punto de equilibro (punto el el cual todos nuestros gastos de estructura están cubiertos), y le sumamos un ganancia, entonces conoceremos cuánto debemos cobrar por cada trabajo.

De esta manera, cuando el cliente nos diga que no puede pagarnos lo que le presupuestamos, sabremos si su contra-oferta nos deja aún un margen de ganancia, si se ubica sobre el punto de equilibrio, o si de aceptarla estaremos perdiendo plata.

La única manera de defender un precio frente al cliente es conociendo el por qué de ese precio, y comprendiendo cuándo ganamos y cuándo no. De lo contrario, nos será muy difícil decir NO y el cliente podrá seguir poniéndole precio a nuestro servicio.

El cliente no decide el precio del diseño; éste es el resultado de nuestra propia economía.

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Nota: el lector no tiene necesidad de confiar a ciegas en lo que aquí expongo. Hoy tiene la posibilidad de probar sin costo ni compromiso el funcionamiento de Pontix® y confirmar las virtudes de conocer a ciencia cierta cuándo gana y cuándo pierde a la hora de cotizar un trabajo de diseño.

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Otras notas relacionadas con este tema:

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/07/15/como-presupuestar-diseno-la-solucion-definitiva/

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/07/20/por-que-pontix-solucion-al-hasta-aqui-eterno-problema-de-presupuestar/

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/08/16/el-conflicto-de-terminar-un-diseno-y-no-saber-si-ganamos-plata/

https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/09/22/cuanto-puedo-cobrar-por/

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¿Por qué Pontix? Solución al -hasta aquí- eterno problema de presupuestar.

Años y años de conformar un mercado que desconoce el por qué del valor de su servicio. Miles de situaciones repetidas hasta el hartazgo provocando la ruptura de sociedades, quiebre de estudios o incluso, si vamos un poco más lejos, de relaciones de pareja; no es fácil para quien no pertenece a nuestro mundo entender por qué trabajamos tanto y no ganamos acorde.

5No tienen la culpa los clientes. Los clientes son clientes y sus vicios comerciales son iguales para el diseño como para cualquier otra profesión.

No tiene la culpa la falta de reconocimiento y valoración del diseño. Indudablemente ayuda, pero sólo si nuestros miedos e inseguridades lo permiten. Sin embargo, cabe destacar que esa situación la creamos nosotros mismos, somos los únicos responsables.

La culpa radica en un conjunto de características muy nuestras, que con el tiempo se han convertido en marca registrada del diseñador. Veamos algunas:

1. Elegimos ser diseñadores. Y lo elegimos porque nos gusta el dibujo, la creatividad, los colores, las tipografías, de igual manera que sentimos rechazo por las planillas de cálculos, los impuestos, los números y las proyecciones económico-financieras.

2. Somos diseñadores, no empresarios, menos aún administradores. Así nos enseñaron. Nos preparan para que diseñemos, sin embargo nos dedicamos a llevar adelante empresas de diseño. Esa falencia en la capacitación que profundiza el punto anterior, es la raíz de muchos de nuestras deficiencias en gestión, siendo la “frutilla del postre” nuestra incapacidad para presupuestar con algún criterio coherente.

3. El no tener capacidades innatas y tampoco adquiridas para llevar adelante nuestro negocio nos hace débiles a la hora de negociar. Inseguridades y temores que hacen estragos al momento de pasar un precio por nuestro servicio. Cuando el cliente lo cuestione, no vamos a tener argumentos para defenderlo.

4. Tenemos una tendencia natural a rechazar los métodos. No sólo en lo referido a diseñar, lo cual también impacta en los presupuestos, ya que el “anti-método” muy utilizado es el prueba y error, (averiguar que tiene en la mente el cliente presentándole bocetos que no responden a un brief claro) y eso provoca interminables idas y vueltas en los procesos de diseño que desvirtúan cualquier presupuesto. También negamos los métodos que deberían ordenar nuestra economía, y facilitar el adjudicarle un precio a nuestro servicio que responda a algún criterio lógico.

5. Aunque el método exista y se lo comprenda como una solución acertada, cosa que sucede desde hace años, los profesionales y estudios de diseño (salvo excepciones, que las hay) son reticentes a realizar las tareas que demanda el poder implementarlo, entendiendo que es mucho más cómodo y fácil dejar el destino de nuestras economías al azar.

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Pontix® nace para dar respuesta a esta situación. El método existe y Pontix® lo sistematiza para que el usuario pueda implementarlo con el menor esfuerzo posible.

Pontix® se basa en un método que permite presupuestar con un criterio lógico pudiendo entender el por qué del valor adjudicado a cada trabajo. El software trabaja con información precisa del usuario ajustando así los valores a su realidad económica.

Única manera de poder saber a ciencia cierta cuánto debe costar cada desarrollo de diseño, no en función al capricho del cliente ni un listado aleatorio, sino a las variables concretas de nuestra propia economía.

Y con ese conocimiento, todas las tareas englobadas bajo el concepto de gestión -donde la negociación es una muy importante- se convierten en actividades dominadas y por ende, gratas.

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Cómo presupuestar diseño: la solución definitiva.

Allá por el año 2004, en pleno crecimiento de redargenta, pudimos visualizar la necesidad de desarrollar contenidos que profundicen en los aspectos del negocio del diseño. Como editorial dedicada a elaborar contenidos relacionados al mundo del diseño, entendimos esa necesidad como una oportunidad de negocio; sin embargo, la inexistencia (al menos desde nuestra óptica) de idóneos dispuestos a escribir al respecto se convirtió en una traba no menor.

La necesidad era bien conocida por nosotros, ya que durante años y años de llevar adelante la ajetreada vida de nuestro estudio de diseño, hubiésemos deseado tener en nuestras manos ese tipo de contenido; seguramente nos hubiese evitado más de un traspié.

Una necesidad no satisfecha mas la falta de quién la cubra, obligó a que seamos nosotros mismos los encargados de darle solución.

No fue fácil. Era un gran desafío el abordar temas que habían sido deficiencias de años anteriores y que para colmo se presentaban casi como tabú en nuestra profesión. Y empezamos (empecé en este caso) con lo primordial: El delicado tema del presupuesto.

Así, 2004 me vio reconvertido en una suerte de escritor por omisión -del resto del mercado-. Desde aquella primera edición de Cómo presupuestar diseño al presente corrió mucha agua bajo el puente. Vivencié miles de realidades a través de centenares de charlas, sumé infinidad de kilómetros de ruta, y horas y horas de disertaciones y seminarios. Debatí mucho, aprendí más, e intenté enseñar…

Siete años después, surgió la lógica necesidad de rever los contenidos, los cuales indudablemente crecieron, se perfeccionaron y ajustaron acorde a todas esas horas y kilómetros de experiencia acumulada.

0. InicioPasaron ya once años desde que enfrenté el desafío de resolver una metodología para que el diseñador -ese profesional tan afecto a dejar que su destino comercial fluya más allá de su accionar, justamente por no tener claro qué hacer y cómo- tenga herramientas para poder comprender el por qué del costo de su servicio.

Once años que significaron infinidad de charlas, seminario, clínicas. Más de cuatro mil libros vendidos del tema específico de presupuesto. Muchos diseñadores que se han interiorizado acerca del método. Nadie en desacuerdo en esos once largos años. Nadie que haya cuestionado el procedimiento propuesto. Sin embargo, muy pocos que la hayan implementado, siendo que es tan necesario para el buen desarrollo de nuestra profesión, desde el punto de vista comercial. Esos pocos (proporcionalmente hablando) que han aplicado la metodología, son suficiente aval para confirmar que funciona correctamente. Sin embargo, algo estaba fallando si la solución no era implementada en mayor medida. Y la falla no tiene relación con el método sino con nuestra dificultad para implementarlo.

Nos cuesta tanto asumir nuestro rol de gestión que, pese a que consideremos correcta y necesaria a la solución, preferimos ignorarla y esperar que las situaciones se ordenen por sí solas. Algo tan iluso como esperar que los clientes dejen de pedir rebajas en los precios al grito de “tengo un diseñador que me lo hace más barato”.

Sin embargo, no fui yo quien se percató de este conflicto, y tampoco quien planteó la solución definitiva. Cuando uno está “dentro del campo de juego” no le suele ser fácil visualizar con objetividad lo que está sucediendo. Y tuvo que aparecer alguien que “desde afuera” pudo interpretar el problema y proponer la solución.

Y así nació una nueva sociedad en mi vida (*), que se obsesionó durante mucho tiempo, dedicándole mucho trabajo a crear un sistema que permita implementar el método para presupuestar con un criterio lógico, que se ajusta a la realidad económico-comercial de cada usuario.

Logo PontixAsí nace Pontix®, como un software para Presupuestar Diseño.

No obstante, su función es algo mucho más poderoso que esto, básicamente es una herramienta de gestión on-line completa.

Es un software sencillo, intuitivo, de fácil aplicación y con la capacidad de personalizarse para cualquier tipo de estudio de diseño, independientemente de su envergadura.

El concepto Pontix® tiene como eje el solucionar el centro de nuestros problemas. Pero, ¿Cuál es nuestro real conflicto?

Si el software ofreciese simplemente una metodología para ordenar los procesos de facturación desde su formalidad -el servicio que la mayoría de los software ofrece-, no se podría hablar de una solución. Los sistemas de facturación comunes simplemente actúan como facilitadores, pero nuestros problemas subyacen ocultos y tienen su base en nuestra pobre comprensión de la propia economía.

2Nuestro real conflicto radica en desconocer el por qué del valor de nuestro servicio. Y el valor de nuestro servicio depende de una cantidad de variables conjugadas que no se pueden conocer ni evaluar sin una metodología precisa.

Tampoco se trata de “una calculadora” que sumará variables que no solemos comprender, sino que justamente está pensado para reconocer y dominar esas variables.

Pontix® es una herramienta mucho más poderosa que un simple sistema de facturación, facilita el análisis de la economía de las empresas de diseño.

Para más información:

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(*) Muchas veces mencioné en charlas la importancia de elegir socios de acuerdo a los roles a cubrir. Es vital para toda sociedad que exista complementariedad entre sus integrantes. Es bueno “predicar” con el ejemplo. Pontix® está conformado por Mariano, programador y desarrollador web, un diseñador reconvertido a teórico charlatán (pero que no pierde contacto con la realidad), o sea yo, y Luciano, diseñador, el “dueño” de la visión necesaria para que la solución sea una realidad.

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Los tarifarios sólo orientan.

Y a veces desorientan.

Tiempo atrás, pero no tanto, la Asociación de Diseñadores Gráficos de Jujuy escribía en su sitio web bajo el título de “tarifario modelo” lo siguiente:

Debido a la disparidad de valores en nuestra profesión y la falta de alguna institución que al menos obtenga conclusiones sobre los valores mínimos de los trabajos más comunes con los que nos enfrentamos día a día, los diseñadores nos vemos en la obligación de eliminar el tarifario modelo que creamos en alguna oportunidad, para evitar confusiones y malos entendidos. Además de que actualmente no estamos con la capacidad para mantener la encuesta que lo sustentaba.”

Por suerte, nuestro presente nos encuentra con agrupaciones de diseño actuando regionalmente en muchas provincias y países. El unirse es la única manera de que las realidades que aquejan a nuestro mundo profesional cambien.

Son muchas las tareas que estas asociaciones deberían realizar. Partiendo de debatir interna e intensamente qué es el diseño, para poder definir un perfil profesional preciso y discursos claros de qué es lo que somos como profesionales, para luego poder trasladar ese discurso al universo demandante de diseño.

3. IncógnitaPoner en valor nuestra profesión es primordial. Y siendo que el diseño sufre un proceso de desprestigio, esta tarea no debería comenzar focalizándose en el precio que, desde cierto punto de vista, es resultado del reconocimiento.

Por lo contrario, una de las primeras tareas a realizarse en las asociaciones es la confección de un tarifario modelo. Respondiendo al hecho de que es lo más solicitado por nuestra comunidad. Indudablemente tratamos de solucionar aquello que más nos incomoda, y el adjudicarle precio a nuestro servicio es una espina que nunca nos terminamos de sacar.

Sin embargo, los tarifarios fallan en un aspecto donde gran parte del diseño falla: su metodología.

En el párrafo del inicio la ADGJ manifestaba no estar con la capacidad para mantener la encuesta que sustentaba al tarifario. ¿Qué significa ésto?, que estas herramientas se realizan a partir de encuestas a los socios que conforman dichas asociaciones.

De esa manera, el listado e precios se convierte simplemente en un promedio del mercado. Y si consideramos que el adjudicarle precio a nuestro servicio es el tema que más nos complica, entonces los tarifarios terminan siendo un promedio de la confusión general.

De alguna manera ayudan al menos a poder brindar una referencia, pero si esa referencia está equivocada, lo único que lograrán es masificar el error.

Analizando los distintos tarifarios que existieron y existen en la actualidad, en la mayoría de ellos, los valores expresados para cada tipología de trabajo están muy por debajo de las necesidades económicas de las distintas estructuras de diseño. A duras penas pueden aplicar a estructuras unipersonales con muy bajos costos (sin oficina y todos los gastos que la estructura física implica). O sea: tenés que trabajar en la casa de tus padres y así gozar del beneficio de que ellos paguen la luz, el gas, los impuestos, o en tu propia casa, confundiendo el origen de los gastos.

De cualquier manera, sean bajos o incluso altos los valores expresados en los tarifarios, antes la acostumbrada respuesta del cliente exclamando: “¡yo no te puedo pagar esta cifra!” no nos va a quedar otra opción que reducir el costo (o perder el trabajo), ya que el tarifario como herramienta de referencia no aporta ningún argumento sostenible.

El valor de nuestro servicio no tiene como principal condicionante al cliente, sino que está directamente relacionado con las variables de nuestra propia economía. Para conocer y dominar esas variables requerimos el uso de métodos que nos permitan comprender a fondo información propia de nuestro estudio.

Desde hace ya muchos años vengo proponiendo la utilización de métodos. Durante esos mismos años desarrollé uno propio, el cual fue perfeccionándose con el paso del tiempo y la lógica experiencia acumulada. Lo cual implicó estudiar muchas realidades, evitando así caer en teorías inaplicables.

Poner en valor nuestra profesión es primordial y es tarea de todos. Ponerle precio a nuestro servicio es también crucial, pero es tarea individual de cada profesional o estudio.

Pasan los años y el diseño no resuelve este tema. Mucho se habla y poco se soluciona. Incluso existiendo un método comprobadamente eficaz, nos resulta en extremo complicado ponerlo en práctica.

Focalizando en esa situación conflictiva, en breve -muy breve- estaremos proponiendo una solución que potencia todos esos años de investigación, análisis y elaboración de una metodología.

Una solución ideada para que los diseñadores y estudios de diseño puedan adjudicarle precio al servicio que ofrecen, y ese precio esté en relación directa con su realidad comercial, que es como debe ser.

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¿Somos un país peluchero?

Las redes sociales son un fenómeno muy particular. Entendidas como herramientas, estas nuevas formas de interacción pueden ser muy útiles. Sin embargo hay una que personalmente me supera. El “seguir” la vida de celebridades a través del twitter me resulta una situación digna de, al menos, un análisis psicológico o sociológico. Utilizado por gente de la farándula, aunque banal, es entendible. Ahora, cuando el recurso es usado por gente que ocupa cargos públicos para comunicar cuestiones de su gestión me resulta peligrosamente superficial.

El que el presidente del BCRA utilice para firmar sus tweets el diminutivo Fede Sturzenegger sólo agrava más mi sensación.

Y que el anuncio de los nuevos billetes, que rompen con la eterna tradición de los próceres, se realice a través de un tweet firmado por “Fede”, invitando a buscar los peluches en los nuevos billetes y a reflexionar sobre el significado de incluirlos, me provoca extraños escalofríos que rozan la sensación de vergüenza ajena.

La única ampliación a un tema tan polémico como es el presentar nuevos diseño de papel moneda que incluyen peluches la encontré en la siguiente frase (también de Fede): “Aspiramos a que nuestra nueva familia de billetes sea una celebración de la vida”, agregando que “habla de desafíos que tenemos todos los argentinos. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”.

Y lo que parecía una broma, es una intrigante realidad: los peluches existen.

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El sistema conformado por diversos animales en riesgo de extinción y que incluye también imágenes de su hábitat, tiene el agregado de una imagen de un peluche del animal correspondiente a cada billete. Un aporte que -salvo que exista una explicación convincente- parece totalmente innecesario.

Nuestra moneda, tan bastardeada con continuas devaluaciones y perversos manejos de la economía, no necesita que le demos una manito, haciéndola ver como un billete propio de un juego de mesa.

La única interpretación que puedo hacer del caso es una pérdida de seriedad, que le da la razón a quienes nos tildan de “país bananero”. Idea muy atribuida a nuestra patria pero que no comparto. Tampoco creo que la imagen de un prócer revista de seriedad al papel moneda; es más, considero que la toma de partido elegida (fauna y regiones) es interesante, pero sumarle un peluche, parece ridículo.

En el texto anterior (https://jorgepiazza.wordpress.com/2016/01/16/nuevo-gobierno-nuevos-billetes-y-el-eterno-debate-del-diseno/) mencioné la necesidad de que el diseño del papel moneda respondiese a una idea clara de lo que el país quiere decir de sí mismo.

El peluche en cuestión no hace más que confundir.

Dejo para quienes tienen mayor capacidad de análisis el opinar a cerca de los aspectos gráficos. En todo caso, me voy a limitar a dudar de la calidad de las imágenes. Pero no sabiendo si estamos viendo un boceto o el billete terminado, no tiene sentido la crítica. Sí, en todo caso, es una buena oportunidad para mostrar un trabajo realizado por Ana Carla Di Grigoli en la Cátedra Bardelás (diseño gráfico – UB) en al año 2010.

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Sin perder de vista que es el trabajo de una alumna, pero aprovechando que la toma de partido es muy similar (animales y sus zonas geográficas), es de destacar el excelente manejo de los aspectos gráficos.

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Desconozco quien sea el responsable del diseño de los nuevos billetes, pero observando las diferencias de calidad ente uno y otro, me permito pensar que hubiese sido una buena oportunidad para que la esfera política reconozca la importancia de vincularse con los ámbitos del diseño gráfico. Pocas veces en la historia de este tipo de trabajos se da la oportunidad de cambios tan radicales. Luego de escuchar en tantas oportunidades discursos políticos que hablan de la importancia del diseño siento que, una vez más, se le dio la espalda a la profesión.

(Aclaración: el título de esta nota es sólo a los fines de llamar la atención, no pretende establecer ningún argumento que exceda lo planteado en el texto)

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Nuevo gobierno, nuevos billetes, y el eterno debate del diseño.

Acaban de presentar los nuevos billetes de 200 y 500 pesos y los comentarios no tardan en llegar. Dividido el país como está, es muy tentador para que quienes están en contra de las nuevas políticas analizar cada detalle estético para criticar lo hecho, como así para quienes están esperanzados con los rumbos insinuados por el nuevo gobierno, festejar la desaparición -luego de tanto años- de los eternos próceres ocupando el frente de los billetes.

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Próceres, científicos, destacados de la cultura, zonas geográficas, fauna y flora… distintas tomas de partido que deberían responder a una idea concreta. El diseñador lo sabe y debería analizar con más profundidad; queda para el resto de los mortales el opinar con la “camiseta puesta”.

Al igual que los tan discutidos diseños de marca país, el papel moneda es una pieza clave en lo que hace a construir identidad. De hecho es el elemento gráfico que más circula, el más visto y usado, por lo que su diseño no debería estar determinado por decisiones arbitrarias.

El diseño de identidad de cualquier empresa debe responder a un claro entendimiento de lo que esa empresa es y quiere decir de sí misma; de igual manera sucede con la identidad de un país. Debería existir un proyecto país que incluya una misión y una visión de las cuales nazca una identidad, que gráficamente se vea plasmada en todos los soportes diseñados, incluidos, claro está, los billetes.

Entonces, la utilización de un prócer debe estar alineada a una intensión comunicacional, al igual que el cambiarlo por elementos de la fauna del país.

Desde el momento que existe el hecho gráfico, la comunicación existe; falta determinar si es intencional o no, si responde a una idea o a un capricho gráfico.

Existen ejemplos recientes, interesantes por demostrar que surgen de ideas claras. Y quizás justamente por estar objetivadas las ideas, las propuestas de diseño pueden transgredir los parámetros habituales que rigen este tipo de desarrollos.

Suiza es uno de los países más ricos del mundo, con una moneda fuerte y una economía increíblemente estable. Su papel moneda está diseñado en base a una estructura gráfica moderna, donde tanto el uso de colores, como de formas y tipografías roza lo transgresor. Ya desde la elección de las personas destacadas para cada denominación la toma de partido es distinta, desde artistas, (Sophie Taeuber, Jacob Burckhardt y Alberto Giacometti -escultor-, Charles Ferdinand -escritor-, la arquitectura representada por Le Corbusier, y Arthur Honegger, compositor).

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A principios del año 2005, la Banca Nacional Suiza lanzó un concurso de ideas para la creación de una nueva serie de billetes de francos suizos. Los proyectos debían responder al lema: “Suiza abierta al mundo”. El proyecto ganador corresponde al diseñador gráfico Manuel Krebs. Y no debería sorprender lo osado del diseño.

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Una de las monedas más fuertes transgrede los paradigmas gráficos del diseño de papel moneda, gracias a tener un concepto claro de lo que se pretende comunicar.

Y si Suiza es uno de los países más ricos del mundo, quien lo antecede es Noruega, país que de igual manera, y a través (nuevamente) de un concurso, rompe las reglas con un diseño vanguardista regido por un concepto muy conciso: el mar.

Y el resultado del concurso, también atípico, utiliza dos propuestas ganadoras combinadas. The Metric System y Snøhetta comparten la victoria y sus diseños quedarán estampados en la parte posterior y frontal, respectivamente, de los futuros billetes de la corona noruega.

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Durante el gobierno anterior se realizaron varios diseños que coexistieron con los billetes en curso ($ 50 Malvinas, $ 100 Evita), o tuvieron carácter conmemorativo ( $ 100 Madres de Plaza de Mayo). No se requiere mayor análisis para interpretar cuál es la idea, cuál es la identidad a la que responden. No se trata aquí de cuestionarla o no, simplemente de entender que existe un línea identitaria plasmada en el diseño de los billetes.

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Si esa identidad no está resuelta, poco importa la resolución gráfica, en todo caso, es un tema menor y dependiente.

Discutir de formas, colores o tipografías es insignificante frente a la toma de partido.

La pregunta es: ¿responderá este nuevo diseño del billete argentino a una idea clara? ¿Será una pieza gráfica perteneciente a un sistema de identidad, o será un hecho aislado y por lo tanto, caprichoso?

Personalmente, y desconociendo cuál es el proyecto país, me siento incapacitado para emitir una opinión. Y como bien ya insinué, el limitarme a un simple “me gusta” o “no me gusta” me resulta negar la esencia del diseño, por ende, bastardear a la profesión.

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No hagamos aquello que no nos gustaría que nos hagan.

0814_logo_cck_g1.jpg_1853027552Muchos posibles títulos se me fueron ocurriendo para encabezar este texto, variando de acuerdo a los muchos enfoques posibles para un mismo tema. Es que se juntaron dos ingredientes muy potentes conformando un caldo explosivo.

Me entero de este supuesto “nuevo plagio” a través de una nota en Perfil.com, titulada:

¿El Centro Cultural Kirchner le robó el logo a un restaurant?

Y el copete versaba:

La marca del espacio cultural inaugurado por el gobierno este año es muy similar a la de un restaurante chino en Australia.

Captura de pantalla de 2015-08-15 10:55:18Mi primer reacción fue molestia frente a la actual actitud de culpar al gobierno por todo, incluso de aquello que los excede. Desde este ángulo la nota pudo titularse irónicamente:

¡El gobierno roba!

Y podría haber girado en torno al hecho de que está de moda -intensificado incluso por el momento electoral- acusar al gobierno de todo. Seguramente algunas críticas serán reales, es de ilusos pensar en un gobierno limpio de culpa y cargo. Pero ya son recriminados a “troche y moche” como para que le agreguemos culpas nuestras. Si el diseño fue plagiado, las culpas recaen en el diseñador y no en el cliente.

Al plantear esto en las redes sociales, se generaron muchos comentarios, pero me llamó la atención el que se sostenga cierta complicidad por parte del cliente en el plagio, argumentando que tiene responsabilidad compartida. En cuyo caso, la pregunta es: ¿cómo hace el cliente (gobierno en este caso) para detectar que existe una identidad con rasgos formales similares en algún rincón del mundo? Agravado esto por tratarse de un restaurant malayo.

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En este caso, el parecido salió a la luz porque, tratándose del gobierno, y de un centro cultural que generó tanto malestar por la elección de su nombre, existen esfuerzos desmesurados por buscarle el “pelo al huevo”. Imposible ignorar que la nota aparece en Perfil.

Pero dejando de lado el aspecto político, y circunscribiéndonos a nuestra profesión, inmediatamente surge un gran vicio nuestro: el acusar a colegas de mala praxis, donde el plagio es buscado y encontrado en todas partes.

No es la primera vez que escribo del tema. No es la primera vez que me siento indignado por el tono de los comentarios. No es la primera vez que denoto un dejo de envidia por parte de quienes no acceden a esta categoría de trabajos.

Para este cambio de enfoque de la nota el título podría haber sido:

¡Cuidémonos!, nadie más lo va a hacer por nosotros.

Y el motivo de dicho título radica en que somos una profesión tan golpeada por las realidades que marcan que nuestro mercado consumidor no nos valora, que agregar a eso el estar continuamente dudando de la integridad moral y profesional de nuestros colegas poco ayuda.

¿Entonces tenemos que apañar las malas praxis?

Leo y leo y no veo ninguna crítica donde quien la formula mencione algún tipo de acercamiento al responsable del diseño. Juzgamos sin darle posibilidad al acusado a defenderse. Nos sentimos en posición de sentenciar sin saber absolutamente nada del pedido del cliente, del objetivo del trabajo, de las idas y vueltas propias de todo desarrollo. Esas idas y vueltas que cuando nos toca vivirlas en persona nos desgastan lo suficiente como para luego tener que soportar a miles de colegas sentenciándonos livianamente.

Dialogué con el estudio Rompo, acusado de plagiar la identidad en cuestión, pero poco importa eso, ya que a los fines de constatar la falsedad o no, sus palabras no bastan. Salvo que queramos creerles, cosa que yo hago, pero tampoco importa. El descargo que ellos mismos hacen en facebook termina no siendo determinante. Los colegas lo leen, no les creen y continúan acusándolos:

Me permito asegurar que el proyecto (perfectible como casi toda factura humana) dista mucho de ahogarse en un mero intento. El diseño de la identidad del Centro Cultural Kirchner goza de varios aciertos cuyo proceso confiaremos con gusto a cualquier foro de diseño interesado en estudiar el tema. Pero lo trascendido el día de ayer resulta doloroso no sólo por ver el fruto de tantos meses de trabajo estropeado sino también por el orgullo tocado de haber podido contribuir a la fundación de un nuevo acervo en la historia cotidiana de nuestro país (ese proyecto que, además, casi todo diseñador sueña). No ignoramos que en las repercusiones de las últimas horas se juegan cuestiones que exceden la congruencia o no de nuestro trabajo. Tampoco la facilidad de contacto entre el logo del restaurante Chinta Kechil y nuestro diseño para el Centro Cultural Kirchner cuando la voluntad imperante no repara en descontextualizar porciones, medios y procesos.”

(extracto de la nota publicada por Rompo: http://seniales.blogspot.com.ar/2015/08/logo-del-centro-cultural-kirchner-no.html)

Tampoco importa que los autores inviten a un debate abierto; propuesta que quienes critican no aprovechan, pese a lo constructivo que pueda resultar. Y es lógico, es más cómodo ser destructivo sentado frente a una computadora escribiendo sin información suficiente, solo haciendo valer el “ojo clínico” que determina el “robo” que enfrentar un debate que obliga a asumir un compromiso.

Desde lo formal, me quedo con el comentario de Daniel Wolkowicz: “A mi la marca no me gusta, pero no creo que sea un plagio, es decir habría que ser muy tonto para plagiar la marca del centro cultural mas importante del país. Lo que seguramente sucedió y seguirá sucediendo es que las marcas entran naturalmente en repetición porque las combinaciones geométricas o tipográficas se agotan y empiezan a parecerse unas a otras, si ya se, es responsabilidad del diseñar verificar la existencia de similitudes, pero conocer la existencia de todos restaurantes orientales del mundo es difícil. ¿Qué va a decir Calvin Klein de todo esto?”

Hasta el día de ayer ninguno de nosotros supo de la existencia de Chinta Kechil. No fue omisión pero tampoco un descuido. Aseguro que buscamos intensamente cualquier referencia al hallazgo formal que construimos para el isotipo y esta sencillamente no apareció. Reitero mi especial responsabilidad.”

Parte del descargo del estudio Rompo, y es creíble sobre la base de que el restaurant en cuestión abrió sus puertas en junio de 2014 y el Centro Cultural en mayo de 2015. si consideramos los siguientes factores: Christopher Doyle, el diseñador responsable de la identidad en cuestión tiene muy poca exposición en internet; sumado al tiempo que pudo demorarse una vez concluido el trabajo en subirlo a su página (uno de los pocos sino el único lugar donde se podía ver la identidad de Chinta Kechil, hasta que se hizo famosa por esta acusación de plagio). A lo que tenemos que restarle el tiempo lógico desde la aprobación del diseño, considerando lo que demora su implementación, para llegar a la fecha de la inauguración. Las posibilidades de que realmente el Estudio Rompo haya podido ver e “inspirarse” en el logo del restaurant son casi nulas. Pero esto es más y más especulación.

¿Coincidencia, casualidad? totalmente posible. ¿Plagio? Poco probable, aunque también posible. La cuestión es que hablar de plagio es sentenciar; es aseverar que los autores tomaron una forma ya existente con total conocimiento para reutilizarla en su trabajo, y eso no lo sabemos. Para asumir esa postura que cuestiona la integridad ética de los responsables hay que realizar un proceso de investigación muy profundo y nadie lo hace, simplemente porque es mucho mas fácil juzgar sin saber. Poco parece importar que esta actitud dañe la sensibilidad de otros.

En definitiva:

No hagamos aquello que no nos gustaría que nos hagan.