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el perfil del diseñador

agosto 13, 2010

Diseño devaluado.

¿Cómo se llegó a que una profesión joven como la nuestra en tan poco tiempo haya pasado de ser casi desconocida, gozando de un prestigio misterioso propio de aquello que no se termina de comprender, a una masividad peligrosa que atenta continuamente con convertirnos en un oficio fácilmente reemplazable?

Seguramente las principales acusaciones recaerán sobre la tecnología. Indudablemente ver en la computadora un conflicto es necio. Quienes recordamos lo que significaba armar un original en cartón, con estilográfica y tinta cian sabemos muy bien de las ventajas que esta tecnología trajo aparejadas. De hecho la máquina no es el problema, el problema es quién la usa y cómo la usa.

Por un lado nosotros mismos, los diseñadores, hicimos un mal aprovechamiento de la tecnología. En lugar de agilizar y perfeccionar procesos para liberar nuestro tiempo y poder profundizar en temas que realmente hacen a nuestra profesión (esto si entendemos qué es nuestra profesión), se convirtió en el fin en sí mismo. En vez de ser una herramienta a nuestro servicio, pasó a ser una condicionante, que terminó igualando resoluciones gráficas y mediocrizando la respuesta del diseñador. En pocas palabras, quedamos limitados por la computadora a lo que ella nos permite hacer.

A su vez, la popularización de los entornos gráficos, y con ellos de los programas específicos provocó que, lo que aparentemente es diseñar, esté al alcance de la mano para cualquiera. Entonces, escuchar de parte de un cliente frases como: “¡Mi hija con el Corel lo hace más lindo!”, no es impensado.

Tampoco lo es una imagen digna de película de ciencia ficción (visto con los ojos de quien conoce el diseño pre-computadora) o mejor aún, de cuento de terror, donde uno no da dos pasos sin encontrarse con una vidriera que dice “diseño gráfico, talonarios, facturas…” y adentro unas cuantas máquinas fotocopiadoras y algunas computadoras.

Indudablemente eso no es diseño gráfico, pero gran parte del mercado potencial comprador de diseño no lo sabe. ¿Nosotros sí?

¿Qué es diseño gráfico?

Qué pregunta extrañamente recurrente para una profesión (diseño gráfico, en comunicación visual o como lo querramos denominar) que ya lleva cincuenta años de existencia en nuestro país, si nos focalizamos estrictamente en la primer camada de egresados de una universidad. Qué pregunta desconcertante cuando en el lapso de esos cincuenta años la oferta educativa creció exponencialmente llegando a que a hoy existen más de ciento cincuenta instituciones en la Argentina (entre públicas y privadas, universitarias y terciarias) donde se dicta diseño gráfico o algo aparentemente parecido. Alarmante crecimiento de una profesión que se puso de moda, pero que nunca pudo posicionarse de tal manera que cada nuevo profesional no se vea obligado a enfrentar la frase lapidaria: “pero entonces vos hacés dibujitos!”

Cuántos cambios que tuvo que soportar el diseño, cuando sus bases no eran sólidas. Llegamos a un presente confuso, donde conviven grandes estudios con trayectoria reconocida internacionalmente, infinidad de diseñadores que se preguntan a diario si no equivocaron la profesión, instituciones que educan desde el programa gráfico, espacios de debate donde se cuestiona el que seamos comunicadores, a la par de sostener que, no sólo lo somos, sino que gracias a ello podemos accionar mejoras en el mundo. Se entremezcla el branding y la gestión de marca con infinidad de chatarra gráfica cuyos responsables no son precisamente las casa de fotocopias; quienes consideran que comunicamos pero no debemos persuadir, con quienes ven en el diseño un oficio. Ámbitos de gobierno abriendo espacios al diseño a través de discursos que hablan de valor agregado, contrapuestos a informes que mencionan al emprendedorismo como un fenómeno en crecimiento ante la deficiente salida laboral. Teorías inaplicables, casi inentendibles, confrontadas a una realidad profesional devaluada que cotidianamente nos enfrenta al cliente y su contundente: “Lo haría yo, pero no tengo tiempo”.

Muchos debates internos que no parecen ser reflejo de amplitud de pensamientos sino de conflictos en pugna y posiciones no resueltas.

Situación de inestabilidad ampliamente justificada si reconocemos que aún esos debates son por demás de primarios, y ya deberían haber sido superados. Sin embargo vivimos una realidad que exhibe extremos nunca antes vistos, desde los megaproyectos interdisciplinarios donde las grandes señalizaciones son paradigmáticas, hasta un desorientante auge de muñequitos que trascienden las dos dimensiones, confundiendo algunos congresos de diseño con una gran juguetería.

Difícil el no quedarse perplejo frente a tanto estudiante sobre patinetas o comprando remeras, en ámbitos donde se debería estar discutiendo el por qué de una profesión con un futuro tan incierto.

Y ese futuro inestable responde a conflictos muy nuestros y mucho más comunes de lo que uno podría haberse imaginado. Partiendo del hecho de que estudiamos para ser profesionales del diseño pero sin embargo todos nos proyectamos como empresarios del diseño. El 95% de quienes estudian diseño tienen como objetivo el formar su estudio propio. Indudablemente nuestras falencias en gestión aseguran que nuestro camino hacia ese estudio no va a ser simple, y de hecho los errores y horrores que cometeremos no son nada originales, ya fueron realizados previamente por infinidad de profesionales que transitaron ese mismo camino.

Debemos capacitar empresarios del diseño.

El no estar capacitados para llevar adelante una empresa de servicios es piedra fundamental de nuestros conflictos. Este es uno de los puntos que debería haber sido solucionado antes de que el mercado educativo creciera, en pro de que lo haga con solidez. Me refiero a la necesidad de capacitar al diseñador en el uso de herramientas de gestión, dado que por sobre todas las cosas, la subsistencia comercial de los diseñadores va a depender de sus habilidades como emprendedores, y esto es una deficiencia natural de quienes deciden estudiar diseño (en términos generales) y una ausencia en los planes de estudio de las instituciones educativas.

Antes que diseñadores nos proyectamos como empresarios del diseño, situación que termina de definirse con una elemental investigación de los escasos y precarios puestos laborales en relación de dependencia que existen en el mercado.

Sin embargo, nuestro presente nos encuentra aún rechazando en forma sistemática la palabra negocios, es más, reemplazando el término cliente por el de comitente, en un supuesto intento por ennoblecer a nuestra profesión asemejándola a la medicina y sus pacientes. Indudablemente sería muy desagradable que el médico dijese: “que pase el próximo cliente…” Sin embargo cuando visitamos a un médico, lo primero que hacemos es abonar la consulta con nuestra tarjeta de medicina prepaga, para luego entrar a una sala de espera con veinticinco personas antes que nosotros. Pasado mucho más tiempo del deseado, cuando finalmente llega nuestro turno, nos encontramos frente a un profesional que con total convicción nos dice: “los triglicéridos están por las nubes, vamos a tener que suspender azúcares, grasas y harinas”. Conclusión: pagamos por adelantado, y luego tuvimos que esperar una eternidad para escuchar aquello que no queríamos saber.

Difícilmente el diseño pueda pararse en esta posición.

La medicina es un gran negocio, puede hablar de pacientes. Nosotros necesariamente tenemos que entender que tenemos clientes a los cuales les tenemos que vender nuestro servicio, y para colmo debemos luchar contra nuestra incapacidad natural para la venta, nuestro alto grado de informalidad y bohemia, y el hecho de que para ese cliente lo nuestro es simplemente apretar una tecla.

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3 comentarios
  1. Gustavo Muzzio permalink

    es muy cierta la opinion que expresas, en lo personal, todos lo elementos que nombras en cuanto a la devaluación del diseño como profesión hace que uno se replantee si vale la pena el esfuerzo de seguir pensando que si de esta vocación se puede vivir con dignidad o estamos frente a los molinos de viento y esta especie de “degradación” del diseñandor es al menos en la Argentina, un camino sin retorno. Muchas gracias por los temas que abordás, te hacen pensar que no estas solo en las opiniones.

  2. Nelson Lopez permalink

    Excelente, tu aporte..pero sabes me gustaria hacer un moviemineto que de verdad valga la pena que nos reconozcan…por que tambien somos una necesidad para el pueblo y lo comunicamos graficamente para que sean esos posibles porblemas en convertirse en soluciones posibles….me gustaria que inicaramos ese movimiento que de verdad el Diseño Grafico tiene que estar al nivel de las mas importantes carreras y eso que de verdad la historia tiene que darse cuenta que el diseño ha existido por largas generaciones, pero como dices, la tecnologia o gente que hace tecnologia si mejor dicho la gente que hace tecnologia la prostituye de manera que cualquiera puede ser Diseñador y creo que deberiamos educar antes para que se conviertas en diseñador si de verdad quiere serlo….ademas si hacemos analogias, el cirujano utiliza herramientas, y bueno desconozco sus materiales y que son costosos, nosotros tambien utilizamos herramientas no tan costosas pero que salen de la misma naturaleza….debemos darle respeto a lo que hacemos y cambiar el pensamiento de que nosotros no solo hacemos dibujitos…sino que creamos ideas vivas constantemente para que se reproduzca en millares y millares visualmente…..un abrazo y exitos y te felicito por este articulo…..

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