Saltar al contenido
julio 4, 2011

inspiración, homenaje, pero nunca plagio

Me recuerdo con catorce años, en alguna escapada fuera de temporada a Mar del Plata, visitando pequeñas galerías de arte hace tiempo ya desaparecidas. En aquellos años recorría las exposiciones en busca de una búsqueda, que se me antojaba debía transitar caminos visuales.

Conocí muchos artistas por sus obras, pero si me fanaticé de uno, ese fue Vito Campanella.

Describir la magia de su surrealismo renacentista es innecesario frente a la contundencia de las imágenes. Una imagen vale más que mil palabras, dicen; más aún cuando estamos hablando de las telas de Campanella, y las palabras mías son tan limitadas.

Este pequeño texto es una suerte de doble homenaje, o así lo creo, ya que al margen de buscar una excusa para exhibir algunas de sus obras, me interesa mostrar una curiosidad que podría ser confundida con plagio, aunque yo estoy convencido que su motivo de ser es el homenaje de un maestro a otro.

Las siguientes imágenes explican visualmente lo que estoy diciendo. La primera muestra el diseño de tapa realizado por Roger Dean para el disco Lord of the ages de la banda Magna Carta, acompañado a su derecha por un óleo de Campanella correspondiente a la serie La Biblia.

La segunda, otro cuadro de la misma serie (la imagen en blanco y negro), seguido por la tapa del disco Yesterdays de Yes, también realizado por Dean.

En ambos casos los parecidos llaman poderosamente la atención. ¿Plagio? Creo no equivocarme al decir que las ilustraciones de Dean fueron anteriores. Pero eso nada cambia. Podría ser al revés y mi opinión sería la misma. Estamos en presencia de un homenaje silencioso. Tanto la genialidad, la creatividad y la técnica de Dean, como la de Campanella, no tienen necesidad de copiar, tampoco de inspirarse. Ambos artistas han demostrado sobradamente su propia inspiración.

Homenaje. Dean creó miles de árboles de ramas retorcidas como los ilustrados en Yesterdays. Campanella plasmó infinidad de personajes en sus telas. Ninguno necesita del otro. El hecho de que uno haya recreado formas creadas por el otro lo único que muestra es una admiración que muy posiblemente, de conocerse ambos sea mutua.

Mientras tanto, este es mi modesto homenaje a Campanella, que marcó tanto mi adolescencia, no casualmente, junto a Dean.

julio 2, 2011

el branding de Dean

Resulta extraña la combinación de un vocablo impuesto no hace tanto tiempo en nuestro mercado, junto al apellido de un ilustrador de tapas de discos de los años ’70.

Roger Dean fue y continua siendo el responsable de la gráfica de muchas de las bandas surgidas en aquellos creativos años.

De hecho Views,unos de sus libros que recopilaban mucho de ese trabajo, fue para mi una importante fuente de inspiración para decidir estudiar esa extraña carrera que se denominaba diseño en comunicación visual. ¡Cuán asociado estaba el diseño, en aquel entonces, con la ilustración! O quizás haya que pensar que por la etapa de evolución de la profesión, esos ilustradores estaban construyendo lo que hoy se llama diseño.

Seguramente el trabajo realizado por Dean para Yes, haya sido el más logrado de los muchos realizados por él, y con ello no me estoy refiriendo a la calidad gráfica o a las ilustraciones (¡cómo elegir entre la tapa de Relayer y la excelente ilustración plasmada en el disco sinfónico de Pink Floyd, Us and them!), hablo específicamente del trabajo realizado en pos de construir la identidad de Yes.

Sin yo saber que diablos era esto de la identidad, menos aún branding, apenas teniendo una vaga idea de que era eso que llamaban logo, sin embargo lograba entender lo bien construido que estaba siendo el “sello” Yes, a través de toda la parafernalia desplegada por Dean.

Desde su “namming” (la palabra no corresponde al momento ni la tarea a Dean), que plasma tan simple como contundentemente la filosofía del grupo, pasando por cada pieza gráfica y concluyendo con lo que la banda expresaba corporalmente en un escenario, pareciera que todo responde a una misión y una visión perfectamente entendida.

Esa idea clara es propiedad de Yes, el cliente al fin y al cabo, pero quien la plasmo y le dio carácter visual fue Dean. Sólo basta comparar que sucede cuando un disco de Yes pierde esa identidad por no estar diseñado por él.

Las portadas de Dean son inmensos espacios abiertos y silenciosos, en los que la voz de Jon Anderson viaja sin interrupciones. Cada sonido de Yes, la guitarra de Howe, el bajo de Squire, los teclados de Wakeman, habitan en esos paisajes.

Dean inventó un mundo en el que viven esos sonidos y también viven quienes los disfrutan. El amante de Yes vive en sus tapas. Dean logró que su música se vea.

El objetivo de estas líneas es brindarle un pequeño homenaje a ese creador de mundos, que tantas veces me sirvieron para, viajando por esos universos, poder ver otra realidad. Aunque también es un hermoso ejemplo concreto de construcción de identidad, que demuestra que la teoría se basa en la práctica que la antecede.

junio 28, 2011

plagio, inspiración, traspolación: zona de confusión.

Las redes sociales, con facebook a la cabeza, modifican cada vez mas vertiginosamente nuestros hábitos. Entre otros cambios sociales, en nuestro mundo, el del diseño, funcionan como una efectiva herramienta para el “escrache” de esos trabajos que rozan el plagio.

Pocos días atrás generó cierto revuelo la aparición en el mercado de un nuevo producto de Cachafaz, empresa que ya había mostrado una dudosa actitud de “homenajear” a las empresa lideres -como lo es Havanna-. En esta oportunidad, la gráfica venerada fue la del viejo y desaparecido alfajor mousse de Suchard. La imagen no se presta a confusión. En todo caso, vale el cuestionar si estas situaciones deben ser medidas únicamente desde nuestra mirada profesional, o debemos hacer un esfuerzo mayor por pararnos desde el lado del cliente y su negocio.

Cabe preguntarse cómo funciona el lanzamiento de un producto que emula en calidad a su antecesor y que remite groseramente a su imagen gráfica, impuesta en la mente de los consumidores. Simplificando: qué proporción del mercado siente rechazo por el plagio casi descarado (sólo hablando en términos gráficos), y cuántos se convierten velozmente en nuevos consumidores, gracias a la conexión inmediata que se genera con el recuerdo de Suchard.

Otro ejemplo, también actual, es el de la campaña del PRO para la gobernación de la ciudad de Buenos Aires que “pidió prestada” la estética de una campaña portuguesa titulada “Portugal Solidário 2010″.

Ir a lo seguro, y así evitar los riesgos de quedar en manos de profesionales que no dan certeza de éxito, podría ser uno de los motivos para este tipo de actitud.

Evitar el: “no me estas entendiendo” exigiendo que se siga al pie de la letra una guía ya existente, es otro posible motivo.

Conjeturas de posibles puntos de vista de clientes. El hecho es que desde la visión del diseño, estos casos son claros ejemplos de plagio, y el diseñador responsable de realizarlo debería negarse a ser parte.

Inspiración y traspolación son otra cosa. El tomar elementos gráficos utilizados en un ámbito y reutilizarlos en otro, es un ejercicio muy distinto. Si la campaña que “inspiró” al Pro hubiese sido en realidad la gráfica de un Shopping (ejemplo al paso), al menos estaríamos frente a un proceso de resignificación. Siendo la fuente de inspiración otra campaña política (aunque social), esa traspolación no existe. No se está pidiendo prestado un recurso gráfico, sino gran parte del mensaje. Es imposible no tildarlo de robo, cuando incluso la campaña portuguesa utilizaba la frase: Bem vindo y la campaña de Macri, Bienvenido.

Es sabido que marca y logo son diferentes cosas. Está claro que las marcas se construyen con tiempo, coherencia y en función a la vinculación lograda con el mercado. Lo que denominamos logo es sólo una de tantas expresiones gráficas que conforman la marca.

Cuando Tomás Gómez lanzó su campaña electoral de cara a las elecciones autónomas de Madrid lo hizo presentando su nueva imagen, un círculo rojo con las palabras “tomás gómez” (en minúsculas) escritas en blanco. Recordemos que sólo estamos hablando del logo; de cualquier manera, no pasó mucho tiempo para que sea acusado de haber plagiado al de la empresa de comunicaciones Wellcomm.

Pero ¿qué pasa entonces, si le sumamos al debate los logos de Supermercados Disco, de Claro o del subterráneo de Buenos Aires en su versión roja (ramal B)?

Tres imágenes que comparten los recursos gráficos entre sí (forma, color y similitud del recurso tipográfico) y que para colmo casi seguramente pueden ser vistas encimadas en algún rincón de la calle Corrientes (suerte que Tomás Gómez no es contrincante de Macri).

Más allá de que, dado lo primario de los elementos usados, es casi ridículo hablar de plagio, tampoco podemos sospechar que las similitudes den pie a la confusión, o que las identidades pierdan potencia. Los tres casos son claro ejemplo de que el vínculo con sus audiencias se construye desde otro lado, y que incluso no hay forma gráfica por más defectuosa que haya sido realizada que no pueda ser impuesta con éxito, de estar bien dirigida la construcción de su identidad.

Entonces, si el nuevo Cachafaz mousse es un éxito de ventas, o Macri gana las elecciones, ¿qué conclusiones deberíamos sacar?

junio 8, 2011

¿cuánto me va a costar?

(Adelanto del libro: Cómo presupuestar diseño – remasterizado)

Estamos necesitando que nos presupuestes el diseño del packaging para nuestros alfajores. En principio es una caja de doce alfajores mixtos, chocolate y dulce de leche, mitad y mitad. Tené en cuenta que de convencernos tu diseño, luego tendríamos que rehacer toda la línea. De cualquier manera, no avances hasta darme una idea de costos, ¿cuándo me los pasás?

Es este el momento en el que todo se derrumba.

¿Cómo estimar cuánto desarrollo nos va a requerir? ¿Cuántas etapas de bocetado requerirá? ¿Qué gastos variables va a utilizar la propuesta elegida? fotografía, ilustración, caligrafía… ¿Cómo saber qué propuesta van a elegir, si aún no hay propuestas desarrolladas?

En definitiva, ¿cuál es el momento para elevar un presupuesto?

En esta instancia el packaging es simplemente un espacio vacío.

La única manera de estimar un costo es volver a recurrir a las dudosas referencias que misteriosamente sobrevuelan el mundo del diseño, o establecer alguna suerte de relación entre este trabajo y otros realizados anteriormente. Pero los trabajos anteriores fueron presupuestados de igual manera, entonces es sólo una cadena de estimaciones sin lógica.

En definitiva deberemos estimar. Y la estimación puede provocar las siguientes situaciones:

A. Podemos exagerar con la estimación. En cuyo caso, el cliente pondrá “el grito en el cielo” y tras un tira y afloje desgastante, terminaremos bajando el precio. Pero también puede suceder que el cliente reaccione desmoralizándose y diciendo frases tales como: “qué lástima, la verdad es que me hablaron muy bien de ustedes y tenía mucho entusiasmo, pero con estos valores…. no dudo que lo vale, pero se me escapa.” Frase que alimenta sensiblemente nuestro ego y por ende logra su objetivo: bajamos el precio. ¡Cómo privar a ese cliente de nuestra solución!

B. Podemos quedarnos cortos con la estimación. Y el cliente aprueba en forma inmediata. “¡Ves que no acertamos una!, le deberíamos haber pasado el doble.” Indefectiblemente, cada vez que un cliente aprueba un presupuesto sin regatear, nos inunda una sensación de que hicimos un mal negocio. Esta situación es una clara demostración de cuanta inseguridad tenemos al hablar de números, ¡pero esos números son nuestro negocio!. Ahora bien, también puede suceder que ese mismo cliente apruebe luego de un ajuste, en cuyo caso, muy posiblemente nos quedemos contentos. Y la razón para esa tranquilidad es que vamos a creer haber interpretado qué es lo que paga ese cliente. Sin embargo en el primer ejemplo, donde me pago lo pedido, me sentí inseguro y en este segundo, que pagó menos, me sentí confiado. Quizás este sea un muy buen ejemplo de cuan extrema es nuestra inseguridad.

Pero aún queda margen para más errores.

C. Podemos no cotizar el diseño hasta que no esté aprobado. De esa manera sabremos con exactitud que debemos presupuestar, dado que ya tenemos el diseño frente a nuestros ojos. El cliente aprueba el diseño, pero a la hora de hablar de números, no está de acuerdo: “Dale, ajustalo un poco, si total el trabajo ya lo hiciste” y negocia en una posición muy cómoda, con nuestro trabajo ya realizado. O puede suceder que el cliente nos diga: “No me convence, no me estás entendiendo, es más. Prefiere que paremos todo”. Negociar un valor por lo hecho cuando el trabajo no se va a terminar, y nunca se habló de números, una de esas situaciones tremendamente incómodas muy nuestras.

Aunque siempre hay una salida.

D. Podemos cotizar el trabajo que demandará el llegar a un boceto aprobado.

Lo que denominaremos presupuesto pre-aprobación.

mayo 23, 2011

diseño y muñecos, ¡una ayuda por favor!

En los últimos años, tanto los congresos de diseño como otros espacios de nuestra profesión se convirtieron en los escenarios de una desorientante invasión de muñequitos cuyo crecimiento trascendió incluso las dos dimensiones, asemejando estos ámbitos a una especie de juguetería.

Difícil el no quedarse perplejo frente a tantos simpáticos bichos en ámbitos donde se debería estar discutiendo el por qué de una profesión con un futuro tan incierto.

Pero, ¿a qué responde esta moda más propia de Cartoon Network que del ámbito del diseño?

Indudablemente mucho de lo que se exhibe no corresponde a algún modelo de negocio, y posiblemente tenga su origen en un estilo (¿artístico?) que justamente nació por encargo. Es factible asociar esta “moda” a trabajos exhibidos en los congresos de diseño donde los clientes conforman un universo tan particular como limitado. Me estoy refiriendo al motion graphics desarrollado para, entre otros clientes, un determinado espacio televisivo (canales infantiles y musicales).

De hecho, los primeros exponentes de este estilo fueron aquellos estudios de diseño dedicados a llevar a cabo la gráfica en movimiento de estos canales televisivos, y lograron difusión en nuestro ámbito gracias a los muchos congresos que los convocaron a disertar. El magnetismo de estos trabajos es tan innegable como inversamente proporcional a la poca demanda existente en nuestro mercado. Llama poderosamente la atención como luego de ser exhibido cualquier trabajo de gráfica en movimiento, los concurrentes estallan en aplausos; aplausos nunca provocados por un trabajo estático, independientemente de que se esté en presencia de una excelente resolución de branding, packaging o señalización.

El hecho es que se le está dando un espacio preponderante a una tipología de trabajo excesivamente específica, que aparentemente entusiasma más de lo que alimenta.

¿La razón de ser del muñequito?

Terreno más propio de la ilustración, sin embargo ha ocupado un lugar de cierta preponderancia en el diseño. ¿Cómo es posible compatibilizar este mundo de personajes comiéndose unos a otros con complejos desarrollo de identidad corporativa? ¿Es tan amplia nuestra disciplina?

La ilustración es un ámbito que permite pensar en que convivan estilos muy diversos, donde en muchos casos la aparición de estos personajes es esperable. Pero nunca se va a estar desafiando lo que es la ilustración.

Cualquier definición que podamos elaborar para describir nuestra profesión no da espacio para este tipo de manifestaciones. Entonces, ¿por qué ocupan un lugar de relevancia? Indudablemente el diseño se codea con el arte y la ilustración, y a juzgar por los resultados, parece mas bien evidenciar una frustración y una necesidad de cubrir una faceta que el diseño no nos permite desarrollar. ¿Seremos ilustradores frustrados?

Una visión muy personal

Quizás este texto carezca de sentido, y aunque poco justificada su existencia, estos personajes siniestros no le estén causando ningún mal a nuestra profesión. Pero dado que el fenómeno no responde a una invasión externa sino a algo surgido muy dentro nuestro, merece un breve punteo final.

Aparentemente uno de los motivos de su existencia es la necesidad del diseñador de evitar al cliente. Y esa necesidad es producto de una dificultad que debería ser analizada en busca de soluciones y no ocultada. Si le damos la oportunidad a cualquier diseñador de contratar o asociarse con alguien que prometa encargarse del trato con el cliente, seguramente no lo dudará ni por un instante. Todos querríamos tener a alguien que se encargue de tan molesta tarea, y así lograr dedicarnos a lo que realmente nos gusta. Conseguir a esa persona no es fácil y de encontrarla no necesariamente sera beneficioso para nuestro negocio (ya hemos analizado este punto). Pero independientemente de ello, indudablemente queda en evidencia una falencia muy nuestra que no debería ser ignorada, sino enfrentada.
1. Otra causa posible es una aparente necesidad por parte del diseñador de canalizar cierta inclinación artística que encuentra en la ilustración un punto intermedio y accesible. Posiblemente se deberían modificar las comunicaciones orientadas a explicarles a futuros estudiante qué es el diseño. Indudablemente quienes deciden estudiar diseño gráfico, lo hacen con una fantasía que luego no verán cumplida.
2. Dado el espacio que ganan estas expresiones, existe la posibilidad de que confundan tanto qué es el diseño, y qué generen falsas expectativas del negocio que puede haber atrás de una tendencia que realmente no corresponde a lo que nuestra profesión es, o debería ser.
3. Cómo menciono en el título de esta nota, y más allá de la opinión personal plasmada, pido una ayuda para entender este fenómeno que incluso a llegado a espacios educativos con workshops dedicados al tema, que incluso ya tiene nombre propio: Toy art.

Entiendo cuando se trata de un diseñador creando para sí mismo, por lo que encabezo y finalizo la nota con dos imagen de un hobby personal, al cual considero terapéutico. Supera mi entendimiento cuando trasciende barreras y se convierte en una nueva incumbencia profesional del diseño.

Aguardo ansioso comentarios que ayuden a mi falta de entendimiento.

mayo 2, 2011

el diseño y los métodos 1: la creatividad

La palabra método suele generar un rechazo irreflexivo en nuestra profesión. Quizás ese rechazo sea producto de no entender su real significado. Pensar que la aplicación de un método conduce indefectiblemente a un resultado certero, algo así como asegurar que cumpliendo ciertas etapas se arriba a un resultado preciso, es no comprender la función de sistematizar los procesos. Existen procesos sistematizados y protocolos en muchas profesiones, sin embargo estos no aseguran resultados. Cualquier cirugía responde a métodos precisos, cualquier tratamiento oncológico respeta protocolos establecidos mundialmente, sin embargo el éxito de la operación o del tratamiento nunca está asegurado. Como en el diseño, el método no conduce a un resultado certero ya que existen muchas variables en el camino. Que cada paciente es un individuo y su organismo no tiene porque responder a un parámetro preestablecido es tan verdadero como que cada cliente o cada producto son distintos. De cualquier manera, esto no habilita a pensar que el diseño es aleatorio.

Posiblemente quienes consideran que el diseño es ajeno al uso de métodos sea por minimizarlo al momento creativo, ese supuesto lapso de iluminación, peligrosamente representado durante años por una bombita eléctrica.

De ser aleatorio, entonces el diseño es indelegable. E incluso, de ser así, ¿cómo se lo enseña?

El proceso de diseño es mucho más abarcativo que un momento creativo, momento que, de cualquier manera, no está exento de métodos. A su vez, llama la atención que considerándonos profesionales creativos, conozcamos tan poco de los métodos diseñados para tal fin.

“¿Conocen algún método aplicable al proceso creativo?”

Al realizar esta pregunta a estudiantes o profesionales del diseño, la respuesta que obtengo es unánime: el brainstorming o lluvia de ideas. La forma en que lo describen es totalmente coincidente con lo que yo siempre consideré que era; a grandes rasgos podríamos decir que es una reunión donde los participantes proponen ideas ante un problema a resolver, y su característica principal es la no censura. Su objetivo es desbloquear procesos de prejuicios internos de cada participante y del grupo en su totalidad, para que afloren ideas que normalmente quedan ocultas por ser consideradas ridículas.

Cuando en los años ’30 Alex Osborn creó esta técnica, muy posiblemente no estaba pensando en ámbitos de características similares a los estudios de diseño. ¿Por qué digo esto? Dado que su potencial reside en destrabar ideas que normalmente quedan autocensuradas por el miedo a la burla –situación muy propia de ciertos ámbitos empresariales– donde el empleado necesita de un espacio liberado para expresarse con soltura. Esto no suele ser necesario en el diseño, donde no existe censura, y las ideas fluyen libremente. Indudablemente la tormenta de ideas, como también se la llama, no es la técnica más propicia para aplicar a procesos creativos de diseño, pese a que sea la más conocida o casi la única conocida.

¡Cuánto que hablamos de creatividad y cuán poco que sabemos!

La siguiente es una enumeración de algunos de los métodos que pueden utilizarse en procesos creativos, de los cuales, como dije, a duras penas conocemos el brainstorming, y muy raramente lo sabemos aplicar siguiendo el sistema de funcionamiento que su creador propuso:

Mapas mentales, arte de preguntar, relaciones forzadas, scamper, listado de atributos, analogías, biónica, sleepwriting, método delfos, análisis morfológico, solución creativa, técnica clásica fase de proceso creativo, relajación, pensamiento mediante imágenes, visualización, mitodología, tabla comparativa entre técnicas de creatividad, triz, teoría de resolución de problemas inventivos, cre-in, 4x4x4, técnica de Da Vinci, seis sombreros para pensar, provación, do it, estratal, método 635.

Si el rechazo a metodizar el diseño pueda estar sustentado en una simplificación del proceso en sí mismo, limitándolo a un momento de inspiración seguido por la tarea operativa de plasmarlo a través del programa gráfico de turno, entonces la creatividad cobra una dimensión desmesurada, para luego llegar a la conclusión de que la utilizamos en forma totalmente intuitiva.

Sin embargo, la creatividad puede cobrar otra dimensión, de considerarla como la capacidad o habilidad de plantear, identificar o proponer problemas. La sola visión de un problema ya es un acto creativo, en cambio, su solución puede ser producto de utilizar únicamente la habilidad técnica.

Los estudios proactivos, aquellos que realmente diseñan soluciones, ellos le dan esa magnitud a la palabra creatividad.

abril 26, 2011

el tarifario en diseño: ¿utopía irrealizable? (*)

Tiempo atrás, pero no tanto, la Asociación de Diseñadores Gráficos de Jujuy escribía en su sitio web bajo el título de “tarifario modelo” lo siguiente:

“Debido a la disparidad de valores en nuestra profesión y la falta de alguna institución que al menos obtenga conclusiones sobre los valores mínimos de los trabajos más comunes con los que nos enfrentamos día a día, los diseñadores nos vemos en la obligación de eliminar el tarifario modelo que creamos en alguna oportunidad, para evitar confusiones y malos entendidos. Además de que actualmente no estamos con la capacidad para mantener la encuesta que lo sustentaba.”

Quizás yo haya sido parte de esos malentendidos, ya que tanto en clínicas como en charlas cuestioné dicho tarifario (que no difiere de otros que hubo y hay publicados). Sigo sosteniendo mi postura que cuestiona, no al tarifario en sí mismo, sino los métodos utilizados para su confección y el resultado obtenido.

El método utilizado en este caso y en todos los que conozco se basan en una nivelación del mercado. O sea, la asociación elabora un listado de incumbencias y se lo envía a cada socio para que ellos completen ese listado con valores. Luego se suman esos valores y se dividen por la cantidad de participantes obteniendo un resultado promedio. El promedio no es ni más ni menos que eso, un promedio de un mercado desorientado. Promediamos el conflicto. Indudablemente es mejor que nada y debería servir a título orientativo para quienes no tienen idea de por donde empezar, de cualquier manera, llama poderosamente la atención los resultados plasmados, al punto de poner en duda su utilidad.

Partimos de una dudosa división del mercado en clientes A, B y C, lo cual no me parece correcto, ya que un folleto tríptico para un emprendimiento o para una gran multinacional debería demandar similar esfuerzo. Esta sectorización, asimilable al peligroso concepto de “la cara del cliente” debería ser una variable que aplique únicamente al concepto de ganancia.

De cualquier manera, el encontrarnos con valores tales como: identidad para cliente A: $ 1920.- (u$s 480.-), diseño de envase de alta complejidad cliente C: $ 400.- (u$s 100) o diseño de folleto tríptico cliente B: $ 490.- (u$s 120.-), al menos asusta. (tarifario de la ADCV Jujuy, vigencia 2008).

Nada cambia en el tarifario del Colegio de Diseñadores Gráficos de Misiones vigente al 2009 cuando sugieren un valor de $ 180.- (u$s 45.-) para un afiche tamaño 40 x 60 cm cliente C, o un diseño de revista para cliente A con tapas a color e interior de veinte páginas a un color, tamaño A4 a $ 1700.- (u$s 425.-).

El tarifario realizado por la Asociación de Diseñadores Gráficos de San Juan vigente en el 2010 plasmaba precios más elevados, sin embargo, es llamativo que mientras que para un packaging cliente C le adjudican un valor de $ 500.- (u$s 125.-), sugieran un valor hora de diseño de $ 100.- (u$s 25.-). O sea que debemos deducir que ese packaging ¡se realiza en cinco horas!

La experiencia marca que en un trabajo de esas características, a duras penas esas cinco horas estarán dedicadas exclusivamente a charlas con el cliente. Realizar el original para impresión no suele demandar menos de cuatro horas de ajustes, y a eso le debemos sumar nada menos que todo el proceso de diseño (desde que empezamos a pensar, lápiz en mano, hasta que arribamos al ok del cliente) y algunas horas dedicadas a controlar a los proveedores intervinientes.

Hablar de treinta o cuarenta horas no parece desatinado. Hablar de tres mil o cuatro mil pesos tampoco. Pero ese es tema para otro análisis.

En este caso, me interesa apuntar que creo totalmente factible el elaborar un tarifario, siempre y cuando consideremos que este marca un piso para el valor de los servicios de diseño, y que ese piso debe surgir del análisis de todas las variables que entran en juego en un estudio de diseño.

(*) utilizo la palabra utopía en su uso habitual, aunque su real significado no sea ese. Sugiero leer: http://jorgepiazza.wordpress.com/2010/08/13/bienvenidos-a-la-utopia/

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 80 seguidores